martes, 10 de abril de 2007

Auteuil, un descubrimiento sorprendente en un París deslumbrante


Los días de Semana Santa han supuesto un oasis de asueto familiar que en compañía de mi mujer e hija he disfrutado en París.
Ha sido la tercera ocasión que he visitado la “Ciudad de la Luz” y sin duda la que más he disfrutado.
Por fin, sin la urgencia apremiante que a veces se tiene cuando se quiere ver todo en poco tiempo, he tenido la sensación de que me hacía con la ciudad, de que la interiorizaba y era capaz de aprehenderla.
Los días han servido para gozar tranquilamente, sin excesivos agobios ni aglomeraciones, de la exposición temporal que el Louvre ha organizado en torno a la figura de Praxíteles y de su influencia en el arte escultórico. Y más que el disfrute propio, la satisfacción de ver como mi hija, a sus 12 años, se interesaba, aprendía y al tiempo nos enseñaba, con la contemplación de las copias, versiones e imitaciones de la Afrodita de Cnido, del Apolo Sauróctono o del Hermes de Olimpia.
Boulevard Saint Michel, Saint Germain des Prés, l’Île de la Cité, Boulevard des Capucines, Ópéra, Boulevard Haussmann, Tullerías, el Museo de Orsay, la Torre Eiffel, las riberas del río Sena, etc., son algunos de los lugares que visitamos estos días. Aunque algunos de ellos ya los conocíamos, hacía 14 años que estuvimos por última vez y nos sonaron a nuevos, a diferentes y renovados, sin perder por ello las esencias que hacen a París una ciudad especial.
Ahora bien, la gran sorpresa, el descubrimiento inesperado, ha sido la zona de Auteuil, situada en la orilla derecha del Sena, aguas abajo de los jardines del Trocadero.
Una zona realmente tranquila, de amplias aceras, con algunos de los más notables edificios Art Nouveau de París. Paseando por sus calles, en muchos momentos uno tenía la impresión de estar por el Ensanche barcelonés.
De entre los muchos inmuebles singulares, destaca en el número 14 de la Rue La Fontaine el llamado Castel Berenger, una de las obras cumbre de Héctor Guimard, uno de los más importantes arquitectos franceses que cultivó este estilo, a caballo entre los siglos XIX y XX (la fotografía muestra la puerta de la fachada principal del edificio).
Curiosamente en la zona también se halla la fundación dedicada a otro arquitecto, Le Corbusier, cuya trayectoria supuso la antítesis de los postulados que defendía el Art Nouveau.En definitiva, unos fantásticos días en París que han servido para recargar las pilar, anímica y estéticamente, ante los intensos meses que se avecinan. Por cierto, otro día hablaré del descubrimiento de la Rue Dante y sus tiendas de tebeos.