jueves, 27 de diciembre de 2007

Crónica de una muerte anunciada

Subo al coche para regresar a casa tras la jornada laboral y al sintonizar la radio me sorprendo con la noticia del asesinato de la ex-primer ministra de Pakistán, Benazir Bhutto. Su inesperada muerte (que no imprevisible) viene a añadir más leña al fuego a uno de los puntos más convulsos de nuestro agitado Mundo. He señalado antes la no imprevisibilidad de su muerte porque, y es literalmente cierto, hace unos meses, cuando se conoció la noticia de su regreso a Pakistán, lo primero que pensé es en las altísimas probabilidades que tenía de ser víctima de un atentado. Desgraciadamente mi intuición no falló en esta ocasión. Su trágico final me recuerda mucho al de otro líder político de la zona, el ex-primer ministro de la India, Rajiv Ghandi. Ambos han compartido la pertenencia a familias de gran protagonismo político en la vida de sus respectivos países, que fueron diezmadas por asesinatos de todo tipo. Ahora, con la muerte de Benazir se incorporan nuevos elementos de incertidumbre en la situación política y social de una zona que desde años es uno de los principales goznes de la geoestrategia mundial y terreno de batalla entre cosmovisiones e intereses económicos contrapuestos. Y como suele ocurrir en estos casos de magnicidio, lo más seguro es que nunca lleguemos a saber los oscuros intereses que se esconden detrás de esta muerte. No se consiguió en Estados Unidos con los Kennedy y para poco factible que se logre en Pakistán.

1 comentario:

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