martes, 11 de diciembre de 2007

Pavilhao Chinês de Lisboa

El pasado fin de semana, como cierre del puente de la Constitución, nos acercamos a Lisboa y comprobamos, una vez más, el encanto de la capital portuguesa.
A pesar de celebrarse durante esos días la segunda cumbre Europa-África, con el continuo tránsito de las comitivas oficiales de los 80 países allí reunidos, nosotros pudimos pasear apaciblemente por las calles lisboetas descubriendo, como suele ocurrir a menudo cuando te sales de los caminos trillados, nuevos lugares que hasta ahora desconocíamos.
Uno de ellos fue la Estufa Fria, el popular jardín que se encuentra en el Parque de Eduardo VII, al final de la Avenida da Liberdade. Pese a que hace ya 20 años que visité por primera vez Lisboa, es un espacio al que nunca me había acercado, más atraído por el bullicio de la Baixa, del Bairro Alto, el Chiado o la popular Alfama.
Esta vez sí, nos decidimos, y reconozco que fue una visita que valió la pena.
Pero sin lugar a dudas, la estrella del fin de semana fue un local del que nos habló mi buen amigo Antonio Martín, un zafrense afincado en Badajoz, enamorado de Portugal y de Lisboa.
Siguiendo sus indicaciones optamos por acercarnos al Bairro Alto por el lado contrario al que habitualmente lo hacemos. En esta ocasión fuimos deambulando por calles interiores desde la zona del Marqués de Pombal, para siguiendo la Rua de la Politécnica, llegar a la de Pedro V y allí, en el número 89, nos encontramos con el objeto de nuestra curiosidad: un curioso pub que lleva por nombre Pavilhao Chinês.
Se trata de una antigua mercería de principios del siglo XX, que ha mantenido toda su estructura de estanterías y estucos, que hoy en día están ocupadas por miles de piezas de colección de su actual propietario. Desde soldaditos de plomo, a trenes a escala, pasando por figuritas de barro, cascos militares, carteles de cine, pipas, jarras de cervezas, cubiertos y un largo etcétera. Resulta un lugar distinto, con varias salas que se suceden, con un par de mesas de billar en las más interiores; buena música y ambiente relajado y cosmopolita para poder charlar, tomar una buena infusión de té de una amplia carta (reminiscencia de su época de comercio en la que también se vendían infusiones y especias) o un combinado.

Un lugar por el que vale la pena dejarse caer de tanto en tanto y que ratifica la teoría de que basta con cambiar de acera o dejar de mirar al suelo, para descubrir cada día una nueva perspectiva de un lugar, de una ciudad. En este caso de Lisboa.

2 comentarios:

Josep Bernabeu dijo...

Hola Javi, la próxima vez que visites Lisboa no dejes de visitar la Cervejaria Trindade (Rua Nova da Trindade, 20), en el Chiado, un antiguo convento reconvertido en cerveceria con azulejos originales preciosos. Pescado y marisco a buen precio. Un abrazo.

Fco. Javier M. Romagueras dijo...

¡Hola, cuanto tiempo sin saber de tí!. Es un placer reencontrarte a través de la red. Efectivamente, la Cervejaria da Trindade es uno de los lugares con encanto de esa zona de Lisboa, aunque hay que decir que es bastante difícil comer mal en Lisboa (aunque si uno se empeña quizás lo logre).
Un saludo.