miércoles, 4 de marzo de 2009

Viaje de ida y vuelta a la miseria

Una de las noticias que hoy ha ocupado espacio en los medios de comunicación me ha sobrecogido de manera especial: dos de los protagonistas infantiles, un niño y una niña, de la oscarizada Slumdog Millionaire están viviendo un auténtico trauma en el regreso a su miserable hogar en Bombay. Este hecho me lleva a la reflexión de cómo Occidente, o por ser más estricto, los países opulentos, siguen jugando con una doble moral. Por un lado muestran permanentemente sus riquezas, sus lujos caprichosos, su consumo desmedido. Por otro, rechazan sistemáticamente cualquier posibilidad real (no declarativa) de renunciar a parte de sus prebendas en beneficio de los países más necesitados.
A veces ese choque se produce como consecuencia de acciones absolutamente bienintencionadas, en las que personas de países depauperados tienen la oportunidad, por unos días, de estar en algún lugar del llamado primer mundo para recibir cuidados médicos, sanitarios, sociales, o acceder temporalmente a estudios y formación.
Pero otras veces, ese choque puede ser el fruto de un mal cálculo, como creo que es el que se produce en este caso.
Unos pequeños son extraídos temporalmente de su entorno de miseria, para convertirse en actores de una película extranjera, británica en este caso. Durante este período comen regularmente, son atendidos y cuidados, duermen en una cama (un lujo auténticamente desconocido para ellos), viajan, etc. Es más, llegan al cénit del glamour y la lentejuela, a Hollywood: hoteles de lujo, ropas carísimas, flashes, alfombras rojas, comida por doquier, etc.
Y, de repente, todo eso acaba y vuelven a su rastrero e inmundo destino, a su suelo para dormir, a los excrementos rodeándoles por todas partes, a su invalidez como seres humanos. E intentan rebelarse, obteniendo como recompensa una paliza paterna por no querer atender a un periodista que iba a pagar dinero por una entrevista.
Teniendo en cuenta que los productores de la cinta algún beneficio económico obtendrán, sobre todo después de la lluvia de galardones que han recibido, ¿no habría sido razonable que hubieran hecho algo más para mitigar la situación de estos pequeños y sus familias?.
Ya sé que con ese pequeño gesto no se resuelve el problema de las desigualdades, ni la miseria de millones de personas en países como la India y otros muchos. Pero por lo menos, en un caso concreto, no se habría reproducido el viejo esquema de aprovechamiento de Occidente, ni se habría contribuído a arruinar, aún más, la vida de estos niños.