domingo, 14 de noviembre de 2010

Menorca, territorio para pedalear

Mi relación ciclista con Menorca se remonta al año 1974, con motivo del primer viaje que hice a la isla. Por aquél entonces un numeroso grupo de chicos y chicas de Premià de Mar hicimos lo que para nosotros fue un histórico viaje a bordo del Villa de Madrid, hasta la balear menor. Allí, arrastrando unos auténticos armatostes de peso incalculable, descubriríamos algunas de las playas que hay en torno a Maò, como Es Grau y Mesquida, cautivándonos y haciendo que algunos uniésemos, para siempre, la isla a nuestras vivencias personales.
Después de aquél viaje, iniciático por muchos motivos, han sido varias las veces en las que la bicicleta ha sido protagonista en mis desplazamientos a Menorca. La última el pasado fin de semana del 5, 6 y 7 de noviembre. En esta ocasión los compañeros de aventura han sido dos avezados cicloturistas. El primero, como siempre, mi amigo de toda la vida, Rafael Vallbona, que también estuvo en aquél primer viaje de 1974. El segundo Luis Cuevas, también periodista como nosotros, e hijo del organizador durante muchos años de la Vuelta a Andalucía.

La primera de las jornadas ciclistas, la del viernes, la dedicamos a hacer un amplio recorrido de 131 kilómetros, entre Maò y Ciutadella, ida y vuelta, con paso previo por algunas de las playas de la zona sur de la isla, como Punta Prima, Binibeca o Santo Tomás, y por varias localidades como Sant Lluis, Sant Climent y Es Migjorn Gran, donde paramos para reponer fuerzas.
A partir de Ferreries, localidad famosa por estar allí la fábrica de zapatos Mascaró, el recorrido hasta Ciutadella ya lo hicimos por la carretera general que atraviesa la isla.
Hay que mencionar que en Ciutadella han delimitado un magnífico y real carril bici (en otros sitios los carriles bicis son algo así como entelequias pintadas en las aceras, entre señales de tráfico, farolas y árboles). El regreso lo hicimos por el mismo camino hasta llegar a Mercadal, desde donde continuamos por el Cami d'en Kane, el primer camino que unía ambos extremos de Menorca, construido en el siglo XVIII por el gobernador Richard Kane, durante la dominación británica. El último tramo hasta Maò resultó realmente divertido, con los tres a buen ritmo (pese a que a mí se me indigestaban bastante los múltiples repechos). En total esa primera jornada del sábado habíamos subido un desnivel acumulado de casi 1.300 metros, para un total de 8 puertos, lo que demuestra que, pese a las apariencias, Menorca tiene bien poco de llana. ¡Y eso que no llegamos a subir el Monte Toro, la máxima cota de la isla! La verdad es que yo, acostumbrado a llevar tres platos en mi bicicleta, no me atreví a afrontar sus duras rampas con los dos únicos platos que llevaba mi ALKON de alquiler.

Para el domingo, ya en plan excursión, hicimos 40 kilómetros para ir y volver hasta el maravilloso paisaje del Cap de Favaritx, con sus orografía pizarrosa, y sus balsas temporales, en las que se mezcla el agua dulce proveniente de las lluvias, con el agua salada que el impetuoso oleaje les aporta los días de temporal. Enclavado en pleno Parque Natural de S'Albufera d'Es Grau, que es el núcleo de la Reserva de Biosfera, el cabo cuenta con uno de los 5 faros principales de la isla de Menorca.
En definitiva, un delicioso fin de semana, en el que incluso el tiempo nos acompañó, en el que disfruté del ciclismo, de la amistad y, por qué no decirlo, de la gastronomía.
Ahora a esperar la próxima salida, intentando mejorar la forma.