En 1985 la desaparecida editorial
vitoriana Ikusager publicó el álbum Los derechos humanos, dentro
de su colección «Imágenes
de la historia». Fue el
primero de una serie de cuatro títulos, al que siguieron Norte-Sur (1989),
Los derechos del niño (1991) y Los derechos de la mujer (1992).
La edición estuvo promovida por el Ayuntamiento
de Vitoria-Gasteiz, presidido por el alcalde José Ángel
Cuerda (PNV).
Cuarenta años después, este 2025,
con motivo de mi colaboración con la Asociación
para la Recuperación de la Memoria Histórica «José
González Barrero» en
la preparación de la exposición «Historietas
e historia»,
ha sido un buen momento para volver sobre esta magnífica y necesaria obra.
Con dos pesos pesados de la
cultura y la historieta vasca, Ernesto
Santolaya (Huérteles, 1935-2021) y Antonio Altarriba (Zaragoza,
1952), como productor y coordinador respectivamente, sus contenidos siguen
estando de plena actualidad hoy en día.
Al inicio de su texto de
presentación, José Ángel Cuerda señalaba que este libro «Los derechos humanos» es sobre todo un grito por la
paz, un grito de rebeldía ante la injusticia, un grito por los que mueren de
hambre o a tiros, por los que sufren tortura o falta de trabajo, por los
analfabetos y por todos los que ven desgarrada su dignidad humana.
En el contexto del terrorismo
etarra, añadía más adelante que esta obra quiere ser, desde el País Vasco,
un abrazo de solidaridad con todos los pueblos del mundo, para construir
juntos caminos que unen y no fronteras que separan, para enterrar todas las
armas, para luchar contra el hambre y la incultura, para sentirnos todos
hermanos.
Finalizaba indicando que estas
páginas, y desde la plena libertad que han tenido sus autores para expresarse,
son una pequeña aportación a la lucha por la paz, en nuestro pueblo y en el
mundo entero; por una paz fruto de la justicia social y expresión de una
auténtica libertad en la igualdad. «Los
derechos humanos»
es ratificar nuestro compromiso por la vida, por la libertad, por la paz, por
la esperanza.
Reunión de estrellas del cómic
La apabullante nómina de
historietistas (tanto dibujantes, como guionistas) que participó en los cuatro
volúmenes de la serie, incluye muchos de los mejores creadores españoles e
internacionales del momento. Esta es la lista completa: Antonio Hernández
Palacios (España), Juan Giménez (Argentina), Felipe Hernández
Cava (España), Will Eisner (EE.UU.), Milo Manara (Italia), Annie
Goetzinger (Francia), Víctor Mora (España), Alberto Breccia (Uruguay),
Juan Sasturain (Argentina), Andres Martens (Alemania), Howard
Chaykin (EE.UU.), Luis García (España), Ricard Castells (España),
Antonio Altarriba (España), Miguelanxo Prado (España), Enrique
Breccia (Argentina), Tomás d’espósito (Argentina), Chantal de
Spiegeleer (Zaire, actual República Democrática del Congo), Carlos Nine (Argentina),
José María Beroy (España), Alain Bignon (Francia), Federico
del Barrio (España), Raúl Fernández (España), Marika Vila (España),
Cinzia Chigliano (Italia), Laura P. Vernetti (España), Mariel
Soria (Argentina) y María Alcobre (Argentina).
 |
|
“El último voto”. Will Eisner (EE.UU., 1917)
|
El volumen inicial, que da título
genérico a la serie, incluye al principio los treinta artículos de la
Declaración
Universal de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de la
ONU el 10 de diciembre de 1948. A continuación, seis historietas cortas
desarrollan situaciones que ilustran otros tantos artículos de la declaración.
El 3, referido a los derechos a la vida, libertad y seguridad de cualquier
persona. El 5, que señala que nadie será sometido a torturas, penas o tratos
crueles, inhumanos o degradantes. El 10, que incide en el derecho de toda
persona a una justicia independiente e imparcial. El 13, en el que se recoge el
derecho de toda persona a moverse libremente y a elegir su lugar de residencia,
tanto dentro, como fuera de su país. El 19, que se refiere a la libertad de
opinión y expresión, sin que nadie pueda ser molestado por ello. Y, por último,
el 21, que reconoce los derechos de participación política y acceso a las
funciones públicas, así como las elecciones y el sufragio universal como forma
de expresión de la voluntad popular en la que debe basarse la autoridad del
poder público.
Pueblos, infancia y mujer
En el prólogo del segundo de los
títulos, Norte-Sur, la que era vicealcaldesa de Vitoria-Gasteiz, María
Jesús Aguirre Uribe, escribía en 1989 que queremos descubrir la
explotación, la incultura, el paro, el hambre, la enfermedad, la guerra… Y
añadía …es preciso revolucionar un orden inicuo y egoísta para enterrar
todas las armas y los odios, para devolver sus derechos a los desposeídos de
todo derecho, para que nadie haga de dios, para que el pequeño tallo de la paz
pueda convertirse en árbol frondoso que extienda su fruto de libertad a todos
los pueblos del mundo.
 |
|
“El regreso”. Andreas Martens (RFA, 1951)
|
En consonancia, las historietas
que contiene tratan de la pérdida de la identidad de los pueblos indígenas como
consecuencia del desarrollo industrial incontrolado, la repetición en otros colectivos
de las agresiones racistas y xenófobas que uno ha sufrido, los abusos del imperialismo
y el colonialismo sobre los pueblos sometidos, la lacra del esclavismo o el
enorme trauma que suponen los grandes éxodos y desplazamientos forzados de
población.
El 20 de noviembre de 1959 la
Asamblea General de la ONU aprobó por unanimidad la Declaración de los
Derechos del Niño. En ella se establecen diez principios para garantizar
que la infancia goce de todos los derechos que tiene como ser humano. El
enunciado de estos principios aparece al inicio del tercer volumen de la serie.
 |
|
“Los abandonados”. Chantal de Spiegeler (Zaire, 1957) y Rene Sterne (Bélgica, 1952)
|
Treinta años después, el 20 de
noviembre de 1989, se aprobó la
Convención
sobre los Derechos del Niño, que cuenta con 54 artículos que recogen los
derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de toda la
infancia. Las historietas publicadas en este tercer tomo, publicado en 1991, están
inspiradas en algunos de esos artículos: XII, el derecho a que se tenga en
cuenta la opinión de niños y niñas en los asuntos que les afectan; XVI, para
evitar injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o
su correspondencia, ni ataques ilegales a su honra o reputación; XVIII, que establece
el principio de que ambos padres tienen obligaciones comunes en la crianza y
desarrollo de los niños; XXXII, para su protección contra la explotación
económica y contra la realización de trabajos peligrosos o que dificulten su
educación; XXXVI, para protegerles contra todas las demás formas de explotación
que les sean perjudiciales; y XXXVIII, que obliga a los estados firmantes a
respetar las normas del derecho internacional humanitario que les sean
aplicables en los conflictos armados y que sean pertinentes para la infancia.
La tetralogía finaliza en 1992,
con el cuarto libro titulado Los derechos de la mujer. En su
prólogo se señala que es, como todos los otros, una denuncia amarga y
una esperanza malherida… El derecho de toda mujer a ser mujer, es decir, un ser
humano libre, autónomo, con todos los derechos que son inherentes y exigencia esencial
de su propia condición de persona… En una sociedad masculinizada, desde la gramática
a la religión, en el hogar, en el trabajo y en el amor, se hace preciso un
esfuerzo de transformación para avanzar por caminos de igualdad auténtica y
liberadora.
Con este volumen también se quiso
homenajear a las Premio Nobel de la Paz de 1991, la birmana Aung San Suu Kyi,
y de 1992, la guatemalteca Rigoberta Menchú,
así como a la política alemana Petra Kelly,
luchadora pacifista y activista ecologista.
Las historietas que incluye
tratan temas como el acoso sexual en el ámbito laboral, la intolerancia
religiosa hacia las mujeres, las creencias y supersticiones sobre ellas en
muchas culturas o su invisibilidad y marginación social. El mito del amor
romántico, los matrimonios forzosos, el robo de bebés, el castigo del aborto o la
violencia machista, son otros aspectos sobre los que invita a la reflexión.
|
|
“Se hace de noche”. Annie Goetzinger (Francia, 1952)
|
Música para los derechos
humanos
Una de las peculiaridades de esta
obra en cómic sobre los derechos humanos es que, junto a cada una de las
historietas, sus autores incluyen el título de una música que puede servir para
acompañar su lectura. Desde Haendel, Beethoven o Vivaldi, hasta Astor Piazzola,
Atahualpa Yupanqui o Carlos Gardel, pasando por Bob Dylan, Joe Cocker o Pink
Floy, nos proponen una gran variedad de épocas y estilos.
Con la intención de facilitar el
acceso a esa selección, he elaborado una lista titulada Música para los
derechos humanos en cómic, que tenéis disponible en el siguiente
enlace: https://open.spotify.com/playlist/19Uh5NWHMgbHaO9lBFZhPt?si=-TiM76XcTgya-a3U00ogfQ