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domingo, 18 de diciembre de 2011

Libro sobre el centenario de la “Volta” ciclista a Catalunya


Rafael Vallbona, escritor, periodista, profesor en la Facultad de Comunicación Blanquerna de la Universidad Ramon Llull, divulgador del cicloturismo y, por encima de todos estos títulos, amigo íntimo desde mi infancia; acaba de publicar el libro conmemorativo del centenario de la “Volta” a Catalunya, que se ha cumplido durante el presente 2011.
El libro, más allá de repasar, como otras obras de esta clase, sólo lo que ha sido el devenir de esta prueba ciclista, lo que hace es relacionar los distintos períodos de la misma con lo que es la propia evolución histórica, económica, social y deportiva de Catalunya. De ahí el título de la obra: “Volta a Catalunya”. 1911-2011. Un segle d’esport i país (Un siglo de deporte y país). Como indica el propio autor en un breve texto de presentación: Como cualquier iniciativa de la sociedad civil, la “Volta” nace como fruto de un momento económico, cultural y político concreto. Asimismo, su dilatada existencia se moverá también a caballo, a veces tranquilo, a veces desbocado, de los designios que marquen los tiempos y la historia del país. Por lo tanto hay que tomarse la lectura de este volumen como el relato de unos acontecimientos que marcan una época en el deporte y la sociedad catalana. Estamos ante un volumen que entra en la categoría de los libros de prestigio, pero en el que como he dicho no faltan las referencias al contexto histórico de cada momento.
Por lo demás, se trata de una obra magníficamente editada por Cossetània, con sede en la localidad tarraconense de Valls, que ha contado con el soporte de la Obra Social de “la Caixa”.
A lo largo de sus poco más de 300 páginas de gran formato, el aficionado al ciclismo se encuentra con un documentadísimo material gráfico, con fotografías de integrantes de clubes velocipédicos de finales del siglo XIX, imágenes de la competición, que abarcan desde la primera edición de 1911, hasta nuestros días; reproducción de publicaciones de las distintas épocas, carteles anunciadores de diversas ediciones, etc. También hay, al final de cada capítulo, una breve cronología de los principales hitos históricos del período tratado, así como una Galería de héroes, en la que se incluyen unas reseñas biográficas de los más destacados ciclistas que tomaron parte en las ediciones de la “Volta” tratadas en el capítulo en cuestión.
Al final del libro se incluye la relación de todos los ganadores, desde la primera edición de 1911, que fue Sebastián Masdeu, hasta la de 2011, que fue Alberto Contador. Entre uno y otro, la relación reúne a lo más granado del ciclismo internacional de todos los tiempos, como Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Luis Ocaña, Felice Gimondi, Miguel Indurain, Francesco Moser, Laurent Jalabert, Sean Kelly, y un largo etcétera. A continuación también aparece una pormenorizada lista de todos los ciclistas que han ganado por lo menos una etapa en la historia de la “Volta”. Esta clasificación está encabezada por Miquel Poblet, que logró 33 victorias parciales; Mariano Cañardo, con 22, y Txomin Perurena, con 12.
En definitiva, se trata de una magnífica obra, que atraerá tanto a quien quiera profundizar sobre los orígenes y desarrollo histórico de una de la competiciones ciclistas por etapas más antiguas de Europa, como al aficionado que quiera sumergirse en la parte más romántica, a través de imágenes que nos retrotraen a las épocas en las que los corredores eran, en verdad, auténticos gigantes de la ruta.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Menorca, territorio para pedalear

Mi relación ciclista con Menorca se remonta al año 1974, con motivo del primer viaje que hice a la isla. Por aquél entonces un numeroso grupo de chicos y chicas de Premià de Mar hicimos lo que para nosotros fue un histórico viaje a bordo del Villa de Madrid, hasta la balear menor. Allí, arrastrando unos auténticos armatostes de peso incalculable, descubriríamos algunas de las playas que hay en torno a Maò, como Es Grau y Mesquida, cautivándonos y haciendo que algunos uniésemos, para siempre, la isla a nuestras vivencias personales.
Después de aquél viaje, iniciático por muchos motivos, han sido varias las veces en las que la bicicleta ha sido protagonista en mis desplazamientos a Menorca. La última el pasado fin de semana del 5, 6 y 7 de noviembre. En esta ocasión los compañeros de aventura han sido dos avezados cicloturistas. El primero, como siempre, mi amigo de toda la vida, Rafael Vallbona, que también estuvo en aquél primer viaje de 1974. El segundo Luis Cuevas, también periodista como nosotros, e hijo del organizador durante muchos años de la Vuelta a Andalucía.

La primera de las jornadas ciclistas, la del viernes, la dedicamos a hacer un amplio recorrido de 131 kilómetros, entre Maò y Ciutadella, ida y vuelta, con paso previo por algunas de las playas de la zona sur de la isla, como Punta Prima, Binibeca o Santo Tomás, y por varias localidades como Sant Lluis, Sant Climent y Es Migjorn Gran, donde paramos para reponer fuerzas.
A partir de Ferreries, localidad famosa por estar allí la fábrica de zapatos Mascaró, el recorrido hasta Ciutadella ya lo hicimos por la carretera general que atraviesa la isla.
Hay que mencionar que en Ciutadella han delimitado un magnífico y real carril bici (en otros sitios los carriles bicis son algo así como entelequias pintadas en las aceras, entre señales de tráfico, farolas y árboles). El regreso lo hicimos por el mismo camino hasta llegar a Mercadal, desde donde continuamos por el Cami d'en Kane, el primer camino que unía ambos extremos de Menorca, construido en el siglo XVIII por el gobernador Richard Kane, durante la dominación británica. El último tramo hasta Maò resultó realmente divertido, con los tres a buen ritmo (pese a que a mí se me indigestaban bastante los múltiples repechos). En total esa primera jornada del sábado habíamos subido un desnivel acumulado de casi 1.300 metros, para un total de 8 puertos, lo que demuestra que, pese a las apariencias, Menorca tiene bien poco de llana. ¡Y eso que no llegamos a subir el Monte Toro, la máxima cota de la isla! La verdad es que yo, acostumbrado a llevar tres platos en mi bicicleta, no me atreví a afrontar sus duras rampas con los dos únicos platos que llevaba mi ALKON de alquiler.

Para el domingo, ya en plan excursión, hicimos 40 kilómetros para ir y volver hasta el maravilloso paisaje del Cap de Favaritx, con sus orografía pizarrosa, y sus balsas temporales, en las que se mezcla el agua dulce proveniente de las lluvias, con el agua salada que el impetuoso oleaje les aporta los días de temporal. Enclavado en pleno Parque Natural de S'Albufera d'Es Grau, que es el núcleo de la Reserva de Biosfera, el cabo cuenta con uno de los 5 faros principales de la isla de Menorca.
En definitiva, un delicioso fin de semana, en el que incluso el tiempo nos acompañó, en el que disfruté del ciclismo, de la amistad y, por qué no decirlo, de la gastronomía.
Ahora a esperar la próxima salida, intentando mejorar la forma.

lunes, 6 de julio de 2009

Por los caminos de "La Grande Boucle"





El sábado 4 de julio quedará en mi recuerdo como uno de los días más duros, deportivamente hablando, y emocionantes de mi vida.
Tal y como había previsto, la ruta pirenaica por los puertos del Peyresourde, Aspin y Tourmalet, fueron un cúmulo de dificultades que me enfrentaron al límite de mis propias posibilidades ciclistas.
La jornada arrancó en Bagneres de Luchon, villa termal, desde la que inmediatamente se ataca el primero de los puertos, el Peyresourde, de casi 15 kilómetros. Apenas habíamos empezado a pedalear, cuando un chaparrón nos obliga a guarecernos en una vieja gasolinera que está a la salida del pueblo.
Tras unos minutos observando el cielo, pareció abrir y nos pusimos en ruta. Buenas sensaciones en las piernas, pese a lo complicado que me resulta coger ritmo subiendo sin haber rodado previamente. Poco a poco me voy encontrando mejor. A lo lejos se escuchan fuertes truenos y al cabo de un rato empiezan a caer gotas, que después se convierten en muchas gotas y finalmente en un gran chaparrón. Me voy mojando, pero como no hace frío, me siento cómodo, aunque chorreo agua por los cuatro costados. La carretera parece un río, pero aún así, sigo adelante. Poco a poco cesa la lluvia, se deja entrever el sol y ya casi estoy en la cima. Primer objetivo logrado.
Parada para ingerir líquidos y alimentos, gracias al avituallamiento que lleva preparado Adriana, la mujer de Rafa, que nos hace la asistencia en carretera.
Tras unos minutos, nos abrigamos, y descendemos el puerto camino al próximo objetivo, el Col d'Aspin, de unos 12 kilómetros, que se me van haciendo cada vez más duros.
Finalmente consigo, bastante cansado, coronar Aspin. Allí, todo huele a ciclismo. Coches de apoyo a los distintos grupitos y personas que a lo largo del día van subiendo y bajando, al igual que ocurre con el resto de los puertos pirenaicos que todos asociamos al Tour de France, a la gran boucle.
En Aspin bebo y como para reponer energías y recargar el depósito de cara a lo más dificil de la jornada: la subida al Tourmalet.
Descendemos hasta la base del Tourmalet. Allí parada obligatoria para rellenar los bidones con el agua de una fuente de la que es tradicional servirse antes de iniciar el ascenso. Allí, un cartel que te informa de la longitud total de la subida, 16,7 kilómetros, con una pendiente media del 4,5 %. No parece muy duro, pero si tenemos en cuenta que los tres o cuatro primeros kilómetros oscilan entre un 2 y un 3%, nos vamos dando cuenta que la parte final de la subida se mantiene durante varios kilómetros en una media del 9,5%.
La subida se convierte en una auténtica tortura. Me siento bien de piernas y de fuerzas, pero de tanto en tanto me agarroto y me veo obligado a poner el pie en tierra, para estirar un poco. Aún así, no desisto y sigo, poco a poco, subiendo. Llego a la estación de esquí de La Mongie, donde están las rampas más duras. Para postre, me equivoco y cojo un desvío incorrecto, entre ovejas y vacas pirenaicas. Me armo de paciencia y busco el retorno a la carretera adecuada. Apenas quedan unos 4 kilómetros, pero eso es una eternidad subiendo a una velocidad que oscila entre los 6 y los 8 kilómetros por hora. Saco fuerzas de donde ya creo que no hay pero, al final, ¡sí!, ahí está la cima del Tourmalet. Veo a Adriana con la cámara presta a retratar mi llegada y a Rafa, animándome en los escasos metros que me faltan. ¡Ya está! Ahora llegan las fotos, el retrato con el fondo del gigante de la ruta, la visita al bar del Tourmalet en el que reposan algunas de las pioneras bicicletas con las que se subía en los primeros años, 1908 y siguientes. Después de descansar un poco, comer y beber, tomar un té caliente, descendemos por una ruta preciosa y divertida hasta Luz de Saint-Sauver.
¡Objetivo conseguido!. Cada uno tiene sus límites deportivos y yo he conseguido superar el mío. Estoy dolorido y cansado, pero satisfecho. Y como uno debe analizar siempre las cosas, el principal problema que he tenido ha sido que no conseguí quitarme en ningún momento de la cabeza el reto al que me enfrentaba. Lo mismo que otras veces ir en bicicleta me servía para pensar en otras cosas, en esta ocasión era tanta la ilusión que en ningún momento dejé de pensar en lo que estaba haciendo, en lo que me quedaba, en la dureza de las pendientes, etc. Y eso, probablemente, me dificultó más el pedaleo que la propia complicación de la carretera.

martes, 30 de junio de 2009

Pirineos 2009: el reto está ahí

Por fin el día ha llegado y el reto está ahí, a la vuelta de la esquina. El año pasado no fue posible por diversas circunstancias y entonces me comprometí públicamente, a través de este blog, a subir el Tourmalet en 2009.
Ahora faltan pocas horas para que inicie el camino que me ha de llevar hasta Bagneres de Luchon, punto de partida para el reto pirenaico en el que me va a acompañar mi amigo de toda la vida Rafael Vallbona.
Reconozco que me siento un poco tenso ante el envite. Hacía años que no tenía esa sensación, inherente al ejercicio deportivo, propia de cuando estás ante uno de los momentos decisivos de una competición, aunque en este caso la única lucha es con uno mismo y con la montaña.
Finalmente será el sábado que viene, coincidiendo con el incio del Tour de Francia 2009, cuando abordemos esta etapa en los Pirineos, digna de la gran ronda gala. Por orden, iremos subiendo el col de Peyresourde, el col d'Aspin y, finalmente, la cima mítica del Tourmalet.
En la recámara, por si el cuerpo y las ganas lo permiten, nos queda Luz Ardiden. Sé que voy a sufrir y a sentir dolor, pero también imagino la sensación de euforia indescriptible cuando consiga coronar, ¡eso espero!, el puerto que vio las míticas hazañas de Bahamontes, Coppi, Merckx, Van Impe, Ruiz Cabestany, Rominger, etc.
Soy un ciclista pausado y tranquilo, como definió Rafa hace dos años en un comentario en su blog ciclista (eltourmalet.blogspot.com), con menos dedicación y tiempo del que me gustaría, pero que disfruto de estos momentos de soledad y reflexión personal encima de la bicicleta. Y si lo puedes hacer con el ánimo y la enseñanza de un amigo como Rafael Vallbona, pues mejor todavía. Y además contando en esta ocasión con la inestimable colaboración de Adriana, su mujer, que nos va a hacer de asistencia en carretera: ropa seca, pasta, líquido, bocatas, etc.
Es mi reto, y mi pequeño homenaje, a esos 50 años que ya asoman las orejas a la vuelta del próximo noviembre.

jueves, 30 de octubre de 2008

Rematando el esfuerzo en el Monte Toro


El pasado fin de semana estuve en Menorca para participar en la octava edición de la Vuelta Cicloturista Internacional. El momento álgido fue el domingo con la ascensión al Monte Toro, el punto más alto de la isla con sus 357 metros de altitud. Es una subida pequeña, tres kilómetros desde Mercadal, pero matona, con rampas que en algunos puntos superan el 14% de desnivel. Como se puede comprobar en la foto, la cosa fue durilla, pero anima que el señor que viene detrás, a sus 81 años, sigue subiendo. ¿Llegaremos?

martes, 15 de julio de 2008

Tourmalet: objetivo 2009

¡No ha podido ser!. Cuando en marzo finalicé la habitual pedalada que hacemos anualmente por tierras extremeñas, me marqué como objetivo para este verano pasar unos días con Rafael Vallbona por el Pirineo francés, con la intención de ascender la mítica cima del Tourmalet. Pero, como ocurre en demasiadas ocasiones, una cosa son los propósitos y otra la cruda realidad. Apenas he podido coger la bicicleta en todo este tiempo y aunque yo seguía con ganas de intentarlo, Rafael, sabia y expertamente, me advirtió que no estábamos hablando de retos menores y que era necesario estar preparado para acometer ese objetivo.

Bueno, así quedaron las cosas y yo no volví a darle vueltas al asunto hasta ayer cuando, por primera vez en la presente edición, me entretuve a ver el final de etapa del Tour de Francia. ¡Qué carrerón, qué espectáculo! el vivido durante la ascensión y descenso del Tourmalet, el tramo de enlace hasta los pies del puerto de Hautacam y la subida, en la que un equipo aparentemente menor, el Saunier-Duval, hizo doblete en la cima (no recuerdo muchos en los años que llevo viendo pruebas ciclistas por televisión). Y para postre, el ganador, Piépoli, es un veterano de 36 años (un jovencito a mi lado, ¡je, je!) que lograba su primera etapa en el Tour, después de haber logrado ya, en su dilatada carrera profesional, triunfos en las otras grandes: Giro y Vuelta.

El caso es que la visión de la etapa, las panorámicas del Tourmalet, la remembranza de jornadas épicas de ciclismo entre sus curvas, me hizo revivir el gusanillo y renovar el compromiso: el año que viene tengo que subir el puerto más mítico de los Pirineos. Estaré camino de la cincuentena y qué mejor homenaje me puedo dar que conseguir un reto de este tipo.


Por lo tanto, Tourmalet, ¡nos vemos en 2009!.

martes, 1 de abril de 2008

Pedalada 2008: placer y sufrimiento en bicicleta

El pasado viernes, por quinto año consecutivo, mis amigos Rafael Vallbona y Llorenç Pros vinieron desde Barcelona para pasar el fin de semana pedaleando por tierras extremeñas. En esta ocasión, al igual que en 2004, también acudió a la cita Antón Català, otro de los compañeros en estas lides cicloturistas.
A diferencia de años anteriores, en los que primó el atractivo de hacer algunos de los puertos de montaña más atractivos de Extremadura, como Honduras o Piornal, diseñé un recorrido más largo de la habitual, pero que nos permitiese disfrutar del Parque de Monfragüe. Aún así el desnivel acumulado era de unos respetables 1.380 metros.
Dicho y hecho. El sábado 28 de marzo hicimos 147 kilómetros, que nos llevaron desde Navalmoral de la Mata hasta La Bazagona, para entrar al parque por la Portilla del Tietar. Desde allí a la presa de Torrejón, paso por Villarreal de San Carlos y parada para comer en Torrejón el Rubio. Tras reponer fuerzas, seguimos camino en dirección Jaraicejo, desde donde abordamos la mayor dificultad de la jornada, el Puerto de Miravete, para después de un rápido descenso, plantarnos en Almaraz y regresar ya a Navalmoral de la Mata.
Más de seis horas y media de tiempo real montados encima de la bicicleta, que nos permitió disfrutar de la belleza de Monfragüe en un momento en el que la explosión de olores, sonidos y colores todavía no ha sucumbido ante los calores estivales.
Seis horas y media que también dieron para el sufrimiento y el cansancio, para la incomodidad encima de una bicicleta que por momentos parecía un potro de tortura.
Tiempo también para la satisfacción del reto superado (batí mi marca personal de kilometraje en una salida ciclista) y para agradecer a los compañeros de ruta su infinita paciencia, sus ánimos ante el desfallecimiento o la espera cuando en un repechón a uno las piernas ya no les respondían como querían.
Y el domingo, segunda etapa, más corta, pero más concentrada en cuanto a ascensiones, encaramándonos desde Navalmoral hacia Valdehúncar, Bohonal de Ibor, Mesas de Ibor, ascensión al puerto de Valdecañas y regreso de nuevo por Almaraz. Algo más de 65 kilómetros que hicimos en unas tres horas y cuarto, tras los que una ducha y un reparador bocadillo fue la antesala para la despedida y el regreso de cada uno a su casa: Rafa, Llorenç y Antón a Barcelona, yo a Badajoz.
Pero valió la pena. Una vez más disfrutamos de nuestra amistad y de la convivencia ciclista.
Para mí el próximo reto será este verano: subir el Tourmalet.

martes, 3 de julio de 2007

Fin de semana de records: 139 kilómetros por los Pirineos y ascensión a Envalira (2.408 metros de altitud)


El pasado fin de semana he realizado un pequeño viaje relámpago a los Pirineos para ir en bicicleta con mi amigo de toda la vida, Rafael Vallbona, que una vez más ha conseguido enredarme para que me superase a mi mismo. En esta ocasión el reto se me antojaba quizás excesivamente atrevido. Llegaba tras una semana con uno de esos resfriados tontos de verano que no acaban de curarse nunca.
El caso es que una vez allí, de la mano del ánimo y del apoyo de Rafa, me puse a pedalear y fui capaz de superar los límites que hasta ese momento había tenido en esto de ir en bicicleta.
Salimos alrededor de las nueve la mañana de Puigcerdá, siguiendo el itinerario del eje transpirenaico que nos condujo hasta La Seu d’Urgell.
Desde allí, pero en especial desde Andorra la Vella, todo era subida hasta la cima del Port d’Envalira que, con sus 2.408 metros de altitud, es la carretera abierta al tráfico más alta de todos los Pirineos.
Lo peor no fue tanto la dureza de la propia ascensión, que no tiene rampas tan fuertes como las de La Covatilla, como el cansancio mental que supone saber que estás subiendo de forma ininterrumpida durante 27 kilómetros.
Por supuesto, íbamos parando de tanto en tanto para hidratarnos, tomar alguna barrita energética o tomarnos un bocadillo a la altura de la estación de esquí de Soldeu.
En cualquier caso, una vez conseguida la cima, la cosa ya fue más sencilla. Descenso hasta el Pas de la Casa, entrada en territorio francés, subida al Port de Puymorens y nuevo descenso, siguiendo el curso del río Carol, hasta Bourg-Madame y llegada a Puigcerdá alrededor de las 6 de la tarde.
En total 139 kilómetros, una distancia que nunca había recorrido en una sola jornada.
La satisfacción que uno siente en estos casos es realmente enorme, tanto como el agradecimiento que se tiene hacia aquellos, como Rafa, que te ayudan y apoyan para que no te venza el desánimo y no dejes llevar ante la primera dificultad.Si todo ello se une a un tiempo espléndido, no excesivamente caluroso, un paisaje exuberante y una agradable conversación con un gran amigo alrededor de una buena mesa, podemos calificar el fin de semana de extraordinario, si no hubiera sido porque al final tuvo que llegar Clickair, la compañía de bajo coste impulsada por Iberia, y fastidiar la fiesta con sus retrasos e informalidades. Pero como se suele decir, esa es otra historia.

sábado, 28 de abril de 2007

Mi amigo Rafael Vallbona está desde ayer pedaleando por el desierto


No es la primera vez que Rafa, mi amigo de toda la vida, aparece en este espacio por alguna de las múltiples actividades que desarrolla.
En esta ocasión, como cuando vino hace unas semanas a Extremadura, la razón es el ciclismo, una de sus grandes pasiones.
Ayer comenzó por tierras marroquíes del desierto del Sahara, la segunda edición de la Titan Desert.
Como recoge el diario deportivo Sport, serán cinco los días de competición y el recorrido no tendrá nada que ver con el del año anterior y será totalmente inédito. Se busca todos los contrastes de Marruecos y valorará la capacidad de orientarse de los participantes, que deberán recorrer cerca de 400 kilómetros por tierras desérticas, destacando la etapa reina entre Landouare y Ramila, de unos 120 kilómetros, que supondrá una máxima exigencia física ya que trascurrirá por un duro tramo de pista de arena, en donde es muy difícil pedalear.
Este es el reto al que desde ayer se enfrenta Rafa, acompañado por Llorenç Pros, su compañero se travesías ciclistas, con el que me visito hace pocas semanas para nuestra anual pedalada por tierras extremeñas.
Pero Rafa, además del reto deportivo, como periodista y escritor que es, también busca otras cosas en este viaje, del que va a dar testimonio diario en las páginas del diario La Vanguardia.
Así explicaba parte de sus sensaciones previas en el comentario publicado a principios de esta semana: “La intención de la Titan Desert, al menos en estas primeras ediciones, es que la competición y la pugna deportiva se compaginen con momentos mágicos como los que describió el autor norteamericano. El ciclista que no vuelva a casa habiendo hallado algún tesoro de esta índole habrá perdido más que el último clasificado. Al día siguiente, todos, del líder al farolillo rojo,tendrán que volver a sus trabajos en la loca civilización occidental. De nada serviría dejarse las piernas pedaleando si no se es capaz de asumir una experiencia de calibre humano y emocional
.















domingo, 25 de marzo de 2007

Segunda etapa de la Pedalada 2007: La Covatilla, objetivo conseguido


El segundo objetivo que nos habíamos marcado para la Pedalada 2007, subir a la estación de esquí de La Covatilla, también lo hemos conseguido. Nos ha costado, sobre todo a mí, pero al final nos hemos sobrepuesto a la dureza de la ascensión.

Rafa y Llorenç están más acostumbrados a este tipo de puertos, no en balde han subido a la mayoría de los puertos míticos de los Pirineos, los Alpes y los Dolomitas.

Pero para mí ha sido realmente difícil. Ni las dos subidas que hicimos ayer al Piornal, ni la ascensión el año pasado al Puerto de Honduras, tienen nada que ver con lo que ha sido La Covatilla.

Los tres primeros kilómetros me han parecido muy duros. No había forma de encontrar ni el golpe de pedal, ni el necesario acompasamiento de la respiración. Lo cierto es que en algunos puntos concretos el desnivel ha llegado a alcanzar el 20%.

En varios momentos he estado tentado de poner pie a tierra, pero los ánimos de mis dos compañeros y la ilusión por superar un reto de estas características, me ha llevado a sobreponerme, hacer de tripas corazón y seguir hacia delante.

A partir del kilómetro cuatro parece que la cosa se ha suavizado un poco y he sido capaz de encontrar un ritmo que me permitía, por lo menos, subir sin asfixiarme.

El remate ha sido una tremenda cuesta, calculo que hacia el kilómetro 6, en la que puesto de pie sobre los pedales parecía que fuera dando pasos, lentamente, uno tras otro, para ir avanzando poco a poco.

En fín, para que más detalles, el caso es que tardé bastante más de una hora en hacer los apenas 9 kilómetros de la subida hasta La Covatilla.

Allí las fotos de rigor, con mis dos compañeros de excursión, y un rápido descenso en el que pasamos bastante frío.

De nuevo en los coches, que los habíamos dejado en el poblado de Hoya, al pie de la ascensión, cambio de vestimenta y viaje hasta Plasencia para comer algo antes de que Rafa y Llorenç emprendiesen camino de regreso a Barcelona.

Ha sido un buen fin de semana ciclista, he compartido el tiempo con dos buenos amigos, hemos charlado, nos hemos reído y hemos disfrutado de los placeres de la gastronomía extremeña. Como ellos mismos dicen, estas salidas son una “fiesta”.

NOTA: Rafa y yo dejando testimonio gráfico de que habíamos cumplido el objetivo.

sábado, 24 de marzo de 2007

Pedalada 2007: primera etapa de 115 kilómetros realizada con éxito


La primera etapa de la Pedalada 2007 ha concluido con toda normalidad. Los fríos datos hablan de 115,06 km recorridos (por alguna razón que no he detectado había calculado casi siete kilómetros menos ¡¡y lo que se notan al final!!). El desnivel que hemos salvado en los seis puertos que hemos subido suma un total de 2080 metros, en los que hemos de contar sobre todo las dos ascensiones que hemos realizado al Piornal.

En cuanto a mis datos personales (los de Llorenç, pero sobre todo los de Rafa, son mucho mejores que los míos), debo indicar que he empleado en hacer el recorrido un total de 6 horas, 4 minutos y 58 segundos, a una velocidad promedio de 18.91 km/horas.
La Pedalada comenzó perfectamente anoche, cuando mi amigo de toda la vida, Rafael Vallbona, y su compañero de andanzas ciclistas por media España y Europa, Llorenç Pros, llegaron a las 22.30 horas a Navalmoral de la Mata, provenientes de Barcelona. Una cena para reponer fuerzas tras el viaje y después nos desplazamos hasta Jaraiz de la Vera, donde establecimos nuestro cuartel general.

Sobre la etapa de hoy, decir que hemos pasado bastante calor, que nos hemos topado en Cabrero con la Fiesta del Cerezo en Flor, que en Pasarón de la Vera, donde hemos parado a comer algo a mitad de etapa, nos han preguntado que si éramos del mismo equipo que un piloto (Santiago Barragán) que está corriendo en el GP de Jerez (con el apoyo de Marca Extremadura para tres pruebas del Mundial), etc.

La etapa ha sido muy agradable y la variedad de paisajes y ecosistemas que hemos recorrido muy grande, desde los casi 1.300 metros del Puerto de Piornal, hasta los apenas 250 de la carretera de servicio del sistema de riegos del río Tietar. Castaños, robles, cerezos, olivos, dehesa con sus encinas y alcornoques, regadíos con sus cultivos; ganado bravo, caballos, cabras, ovejas, multitud de rapaces y de aves carroñeras, lagartijas y pequeños roedores; gargantas con el agua fluyendo por ellas, etc., nos han acompañado a lo largo de la jornada.

Para finalizar esta pequeña crónica, que realizo desde la cafetería del hotel rural en el que estamos alojados en Jaraiz, decir que como suele decirse, “unos cardan la lana y otros llevan la fama”. Digo esto porque yo iba especialmente mentalizado para la larguísima primera subida al puerto de Piornal desde Garganta la Olla. Y, a pesar de ellos, dónde más hemos sufrido ha sido en la segunda, que no la teníamos tan controlada, y que hemos hecho desde Barrado a través de un camino asfaltado, que ni tan siquiera aparece en muchos mapas, y en los que en algunos trozos hemos superado rampas que han oscilado entre el 14 y el 18 por ciento.

Bueno, ahora nos espera una reparado cena, dormir una hora menos (hoy hay cambio), madrugar un poquito e irnos pronto hacia Béjar para enfrentarnos a nuestro último objetivo de la edición de este año: subir a La Covatilla, uno de los puertos que en los últimos años se han convertido en emblemáticos de la Vuelta Ciclista a España.

NOTA: Junto a este texto hay una foto en la que se nos ve a los tres equipados con nuestros maillots del Spiuk Marca Extremadura. De izquierda a derecha Rafael Vallbona, Lllorenç Pros y servidor, Fco. Javier M. Romagueras.

domingo, 18 de marzo de 2007

Falta una semana para subir al Piornal y a La Covatilla

Último entrenamiento antes de afrontar la Pedalada 2007 que nos llevará el próximo fin de semana a la zona de La Vera, para ascender dos veces hasta Piornal, y a la de Béjar, ya el domingo, para subir La Covatilla.
Hoy he realizado uno de los mejores circuitos que se pueden hacer por los alrededores de Badajoz, que consiste en ir hasta Olivenza, de allí dirigirte hacia Elvas, cruzando el río Guadiana por el nuevo Puente de Ajuda, y finalizar regresando a Badajoz por la antigua carretera que discurre paralela a la actual autovía.
En total han sido casi 66 kilómetros en 2 horas y 29 minutos, lo que da una velocidad media de 26,55 km/h, uno de los mejores promedios que he obtenido en este recorrido en los últimos años. De hecho hace casi 3 años que no lo lograba, lo que parece augurar un buen estado de forma para la Pedalada 2007.
Esta semana la bicicleta ha pasado por el taller para ver que todo estuviera en regla, en especial cubiertas y frenos.
En fin, todo está a punto. Ahora solo falta que el tiempo nos acompañe y que nos nieve un poquito menos que el año pasado en el puerto de Honduras.
La crónica de cada una de las dos jornadas, al final del día, en este blog.

lunes, 12 de marzo de 2007

Faltan dos semanas para la Pedalada 2007


Por cuarto año consecutivo mi amigo de toda la vida, Rafael Vallbona, y dos compañeros más vendrán desde Barcelona para pasar un fin de semana juntos pedaleando por las carreteras extremeñas.
Será el sábado 24 y el domingo 25 de marzo.
Yo soy el encargado de diseñar y reconocer la ruta. Para este año el menú incluye para el sábado una etapa de unos 100 kilómetros, por la comarca de La Vera, con subida incluida al Puerto de Piornal (1269 mts. de altitud) por el lado de Cuacos de Yuste y Garganta la Olla.
Para el domingo, aunque nos salgamos un poco de Extremadura, nos desplazaremos hasta la cercana Béjar, para ascender La Covatilla (1996 mts.).
Ellos son unos grandes aficionados al ciclismo, que han participado en un sinfín de marchas cicloturistas y que por su cuenta han hecho la travesía de los Pirineos, desde Donosti a Portbou; han subido los principales puertos de los Alpes y también han dado cuenta de los Dolomitas italianos. Todo ello lo ha recogido Rafa en sendos libros (De Donosita a Portbou. Les rutes del Tour. y De Ginebra a Niza. Les rutes del Tour II. Ediciones Proa) en los que narra, no solo la peripecia viajera, sino que hace un retrato periodístico de gentes, lugares y vivencias.
Al lado de ellos no soy más que un principiante, que sale en bicicleta menos de lo que quisiera, pero que ha aprendido a no cebarse con las cuestas, buscar un ritmito que me resulte cómodo y sobre todo tener la calma y la paciencia necesarias para no arredrarse ante la primera dificultad.
Espero conseguir superar el reto y ya daré buena cuenta de ello en este blog. Hasta entonces hay que seguir entrenando para el músculo y cerebro sean capaces de actuar acompasados.