
No es la primera vez que Rafa, mi amigo de toda la vida, aparece en este espacio por alguna de las múltiples actividades que desarrolla.
En esta ocasión, como cuando vino hace unas semanas a Extremadura, la razón es el ciclismo, una de sus grandes pasiones.
Ayer comenzó por tierras marroquíes del desierto del Sahara, la segunda edición de la Titan Desert.
Como recoge el diario deportivo Sport, serán cinco los días de competición y el recorrido no tendrá nada que ver con el del año anterior y será totalmente inédito. Se busca todos los contrastes de Marruecos y valorará la capacidad de orientarse de los participantes, que deberán recorrer cerca de 400 kilómetros por tierras desérticas, destacando la etapa reina entre Landouare y Ramila, de unos 120 kilómetros, que supondrá una máxima exigencia física ya que trascurrirá por un duro tramo de pista de arena, en donde es muy difícil pedalear.
Este es el reto al que desde ayer se enfrenta Rafa, acompañado por Llorenç Pros, su compañero se travesías ciclistas, con el que me visito hace pocas semanas para nuestra anual pedalada por tierras extremeñas.
Pero Rafa, además del reto deportivo, como periodista y escritor que es, también busca otras cosas en este viaje, del que va a dar testimonio diario en las páginas del diario La Vanguardia.
Así explicaba parte de sus sensaciones previas en el comentario publicado a principios de esta semana: “La intención de la Titan Desert, al menos en estas primeras ediciones, es que la competición y la pugna deportiva se compaginen con momentos mágicos como los que describió el autor norteamericano. El ciclista que no vuelva a casa habiendo hallado algún tesoro de esta índole habrá perdido más que el último clasificado. Al día siguiente, todos, del líder al farolillo rojo,tendrán que volver a sus trabajos en la loca civilización occidental. De nada serviría dejarse las piernas pedaleando si no se es capaz de asumir una experiencia de calibre humano y emocional”.
En esta ocasión, como cuando vino hace unas semanas a Extremadura, la razón es el ciclismo, una de sus grandes pasiones.
Ayer comenzó por tierras marroquíes del desierto del Sahara, la segunda edición de la Titan Desert.
Como recoge el diario deportivo Sport, serán cinco los días de competición y el recorrido no tendrá nada que ver con el del año anterior y será totalmente inédito. Se busca todos los contrastes de Marruecos y valorará la capacidad de orientarse de los participantes, que deberán recorrer cerca de 400 kilómetros por tierras desérticas, destacando la etapa reina entre Landouare y Ramila, de unos 120 kilómetros, que supondrá una máxima exigencia física ya que trascurrirá por un duro tramo de pista de arena, en donde es muy difícil pedalear.
Este es el reto al que desde ayer se enfrenta Rafa, acompañado por Llorenç Pros, su compañero se travesías ciclistas, con el que me visito hace pocas semanas para nuestra anual pedalada por tierras extremeñas.
Pero Rafa, además del reto deportivo, como periodista y escritor que es, también busca otras cosas en este viaje, del que va a dar testimonio diario en las páginas del diario La Vanguardia.
Así explicaba parte de sus sensaciones previas en el comentario publicado a principios de esta semana: “La intención de la Titan Desert, al menos en estas primeras ediciones, es que la competición y la pugna deportiva se compaginen con momentos mágicos como los que describió el autor norteamericano. El ciclista que no vuelva a casa habiendo hallado algún tesoro de esta índole habrá perdido más que el último clasificado. Al día siguiente, todos, del líder al farolillo rojo,tendrán que volver a sus trabajos en la loca civilización occidental. De nada serviría dejarse las piernas pedaleando si no se es capaz de asumir una experiencia de calibre humano y emocional”.