martes, 24 de enero de 2012
jueves, 19 de enero de 2012
75 Aniversario de RNE
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Inauguración de los estudios de RNE en Badajoz, 28 de noviembre de 1990 |
Amante como soy de la radio y como medio de comunicación en el que hice algunos de mis primeros pinitos periodísticos, hoy no puedo por menos que recordar mi paso por RNE, en uno de los períodos profesionales más gratificantes de mi vida.
Durante siete años, entre abril de 1989 y agosto de 1996, tuve la fortuna de trabajar en RNE. Primero como director de la emisora de Plasencia. Después como director de la emisora de Badajoz, en sustitución de un histórico de las ondas extremeñas, como mi apreciado Manolo Pérez. Más tarde, ya en 1993, me hice cargo de la dirección de la emisora de Cáceres, junto con la dirección territorial de RNE en Extremadura, relevando a uno de mis maestros en la profesión, Antonio Villalobos.
De esos años guardo recuerdos imborrables, que he rememorado hoy revisando viejas fotos de entonces, de las que todavía conservamos en álbumes que no requieren de un ordenador para contemplarlas.
Aparte de multitud de anécdotas, de momentos buenos y malos en lo profesional, lo mejor, como siempre ha sido en mis trabajos, lo encontré en la gente con la que tuve la enorme suerte de coincidir durante esos años. Compañeros de trabajo en Plasencia, Badajoz y Cáceres, de los que aprendí mucho y a los que traté de coordinar (pues de eso se trata el ejercicio de la dirección) de la forma más acertada posible. Algunos de ellos siguen al pie del cañón, otros tuvieron que dejarlo en su mejor madurez por culpa de esos ERE que los sacaron del mercado laboral con apenas 50 años. Y también alguno nos dejó para siempre. La lista es larga y no quiero enumerarla por no olvidarme de algunos, pero no quiero dejar de mencionar a gente como Matilde Vázquez, Pepa Bueno, Mª Ángeles Mayorga, Paco Mateos, Florentino Velaz, Carmen Iglesias, César Serrano, Carmen Herrero, José Antonio Lagar, Cele Gómez, Antonio Macedo, Manuel Macías, Nono, Inmaculada López y Víctor Paredes entre otros.
Como ya he dicho, fueron muchos los momentos vividos con intensidad, pero recuerdo especialmente, por la apuesta de modernización que supusieron, la inauguración de los nuevos estudios de la emisora en Badajoz, el 28 de noviembre de 1990, pasando a ocupar las actuales instalaciones de la Plaza de España. O el traslado de los estudios de la emisora de Cáceres, desde la Avenida de Alemania, hasta los antiguos locales ocupados por Radio Cadena Española en el complejo San Francisco, paso intermedio hasta la llegada, ya posterior, a los actuales de la carretera de Salamanca.
En cuanto a la labor informativa, propiamente dicha, disfruté muchísimo el tiempo de Plasencia. Una emisora pequeña, con un puñado de personas que éramos más amigos que trabajadores, en el que todos dábamos el callo. En esa época intentamos expandir la actividad por todo el norte de la provincia, y así hicimos programas en directo en los carnavales de Navalmoral de la Mata, o en el poco conocido entonces Carnaval de las Ánimas de Villar del Pedroso, en la comarca de La Jara Extremeña.
Posteriormente, en Badajoz y Cáceres, las cosas adquirieron otra dimensión. Me viene a la memoria el ascenso del C.D.Badajoz a segunda división, con un memorable triunfo ante el Cartagena, que narramos por triplicado Manolo Pérez, José Antonio Lagar y yo.
También la caída de Montserrat Caballé en el Anfiteatro Romano de Mérida, en julio de 1990, al final de la representación del ballet “Romeo y Julieta” dirigido por Rostropovich. Fue una noche especialmente larga, en la que estuvimos acompañando a Ángeles Mayorga y Nono, nuestro técnico, en la emisora de Mérida, mientras se preparaban y enviaban multitud de crónicas sobre lo ocurrido.
Y otro recuerdo muy presente es el trágico accidente que se produjo mientras se trabajaba en las obras de perforación del túnel de Miravete. Fue en febrero de 1994 y en el mismo fallecieron 4 trabajadores y otros 3 tuvieron graves lesiones. En una época en que apenas había móviles, conseguimos contactar con Carmen Iglesias, que iba en la unidad móvil que había estado cubriendo los carnavales de Navalmoral de la Mata. A partir de ahí fueron horas de tensión informativa que nos hizo pasar muchas horas en guardia.
Estos y otros muchos forman mi galería de recuerdos, junto con infinidad de personajes con los que tuve el privilegio de coincidir, a los que entrevisté o a los que conocí durante mis años de permanencia en RNE. Por lo tanto, de algún modo, hoy también me siento partícipe de la enhorabuena por este 75 aniversario.
domingo, 15 de enero de 2012
Aya de Yopougon, un ejercicio de cotidianeidad sobre África
Cuando hablamos de estereotipos aplicados a un continente, debemos
convenir en que África se lleva la palma. Desde nuestra atalaya occidental la
imagen que se difunde del continente africano está habitualmente asociada a realidades
estigmatizantes, como hambrunas, guerras civiles, matanzas, costumbres de una
crueldad a la que nos sentimos ajenos, la miseria como paradigma de vida, etc.
Todo esto es lo que se derrumba como un castillo de naipes con la
lectura de “Aya de Yopougon”, la
historieta creada por la costamarfileña Marguerite
Abouet, con dibujos del francés Clément
Oubrerie, por la que obtuvieron en 2006 el premio al Mejor Primer Álbum del
Salón de la B.D. de Angouléme. Editado en España por Norma Editorial, en su
colección Nómadas, en 2011 se ha publicado el sexto y último volumen de la
serie.
“Aya de Yopougon” es un auténtico baño de vida cotidiana,
que resulta sorprendente para quien está acostumbrado a recibir casi siempre
noticias negativas y pesimistas sobre la realidad de África. Ambientada en
1978, lo que hace Abouet en su obra es narrar, simple y llanamente, la vida
cotidiana de Yopougon, uno de los barrios de Abidjan, la capital de Costa de
Marfil. Las protagonistas principales son tres chicas jóvenes, Aya, Bintou y Adjoua. Las tres son amigas, cada una con sus sueños y problemas
particulares, desde la que quiere estudiar medicina, hasta la que quiere pescar
a un buen marido para vivir de rentas, o la que tiene que enfrentarse al
problema de una maternidad prematura.
Con sus toques de humor e ironía, lo que realmente descoloca al lector
es la frescura y sensibilidad con la que se tratan las situaciones que se
plantean, que podrían perfectamente corresponderse con las de cualquier pueblo
o ciudad de nuestro mundo occidental: amores y desamores, discusiones
familiares, fiestas, concursos de belleza, problemas laborales, la
homosexualidad, infidelidades maritales, mujeres reivindicativas, hijos de
ricos empresarios viviendo del cuento, bodas, colas en las burocratizadas
oficinas administrativas, confidencias alrededor de una bebida, dificultades
económicas, rigores paternales, tradiciones funerarias, etc.
Todo ello apoyado en el dibujo realista de Oubrerie, realmente eficaz
tanto en la descripción visual de objetos y los ambientes, como en la
plasmación de la personalidad de los personajes.
Como complemento, cada uno de los volúmenes de “Aya de Yopougon”, incluye al final unas cuantas páginas en las que
se describen costumbres culturales y gastronómicas de Costa de Marfil. Una
información adicional interesante, que nos permite aproximarnos mejor todavía
al contexto en el que desenvuelven los protagonistas de la historia.
Para esta primavera de 2012 está previsto que se estrene una versión
en dibujos animados, dirigida por sus propios creadores.
miércoles, 11 de enero de 2012
viernes, 6 de enero de 2012
Las marcas territorio en tiempos de crisis
Ayer publiqué en el diario HOY el artículo "Las marcas territorio en tiempo de crisis" cuyo contenido reproduzco a continuación.
¿Todo es recortable en el marco
de la actual crisis tecnoeconómica occidental (en terminología del pensador
francés Edgar Morin)? Parece que hay acuerdo generalizado en que no se pueden
tocar pilares básicos para el equilibrio social, como la sanidad y la
educación, pero ¿todo lo demás sí?, aunque se trate de elementos que en sí
mismos son generadores de riqueza material. Pues no, no todo es recortable. Considero
que es un error hacerlo, por ejemplo, con la imagen de marca de países,
regiones o ciudades o, por utilizar el término genérico que las engloba a
todas: la marca territorio.
Cuando hablamos de territorio nos
referimos a la conjunción entre la realidad geográfica (espacio físico) y la
realidad humana y social (espacio emocional). Su marca es, entre otras cosas, la
percepción que se tiene del mismo. Una percepción que engloba un conjunto de
elementos como la identidad, los valores que representa, el lugar que ocupa en
nuestro mapamundi mental, la tradición histórico-cultural a la que lo
asociamos, etc. Cuestiones todas ellas que se vinculan frecuentemente con los
estereotipos existentes respecto a tal o cual territorio. Esa es una de las
razones de fondo que explican que en la actual crisis (o más bien en las distintas
crisis encadenadas que llevamos arrastrando desde 2008), muchas veces no basten
los datos objetivos para explicar algunas situaciones.
Si hablamos del caso de España,
bastantes de los datos económicos son suficientemente buenos como para
garantizar la cacareada credibilidad
ante esos entes abstractos que son los mercados y ante las descaradas agencias
de calificación. El déficit fiscal y la deuda pública de España son
sensiblemente inferiores a la de los Estados Unidos y a la de Gran Bretaña. Y
sin embargo la confianza en nuestro país se resiente de forma evidente, cosa
que no ocurre en gran medida con otros. ¿Por qué? Por los estereotipos que
condicionan la percepción sobre la marca territorio de España. Los mismos que
hacen que sigamos confiando en la fiabilidad y seguridad de los productos
alemanes (pese a la pésima gestión que han hecho de crisis alimentarias como la
de los pepinos infectados de E.coli), en el irresistible diseño que acompaña a
todo lo italiano (que explica que empresas textiles españolas hayan
italianizado su nombre: Roberto Verino, Victorio & Lucchino, Massimo
Dutti), que veamos todo lo chino como sinónimo de producto barato y de escasa
solidez o que nos ofrezca más garantías un reloj fabricado en Suiza que otro
producido en Corea del Sur.
Es por ello que pese a la crisis,
y a todas las ofrendas que se hacen ante el nuevo dogma de la austeridad y los
recortes sistemáticos, sigue siendo necesario, e incluso imprescindible,
desarrollar una adecuada estrategia de marca para los territorios, cada uno de
acuerdo a su contexto y necesidades. Conceptos como la imagen global, los
elementos de diferenciación respecto a los competidores, la reputación o la
relevancia de un territorio, son factores clave para lograr una mejor o peor
posición relativa en estos momentos y, casi más importante, para cuando llegue
la ansiada salida del túnel.
Así lo han entendido algunos gobiernos
nacionales, regionales y locales, que ven el fortalecimiento de su marca
territorio como una inversión de futuro y no como un gasto, porque entre otras
cosas el futuro llegará y hay que estar preparado. Un ejemplo reciente es el de
Castilla y León, donde la Junta anunció, a finales de noviembre pasado, que va
a dar un nuevo impulso a su proyecto de marca territorio para los cuatro
próximos años, reforzando su carácter de estrategia de comunicación integral. Y
también lo ha hecho el nuevo gobierno de Mariano Rajoy, llamando la atención
sobre la necesidad de fortalecer la Marca España. Por su parte Barcelona, una
ciudad que desde hace décadas ha apostado por su marca territorial, sigue
renovándola y actualizándola permanentemente, ahora con el concepto de “Barcelona
Economic Triangle” y el lema “Centro Mediterráneo de la Innovación”.
Ahora bien, cuando hablamos de
marca territorio, nos estamos refiriendo a proyectos de gran profundidad y
calado, que requieren de tiempo, esfuerzo, coordinación y coherencia. Proyectos
que tienen que ser cooperativos y colaborativos, con la necesaria implicación
de toda la sociedad de un territorio, de todos los agentes económicos, sociales
y culturales, pero con el inequívoco y valiente liderazgo de las instituciones.
Los proyectos de marca territorio son mucho más que unas bonitas campañas
promocionales, publicitarias o de imagen, vinculadas normalmente al turismo o a
los productos gastronómicos, en las que desgraciadamente se quedan muchas
veces. Realmente son bastante más que una herramienta a nuestra disposición,
son una forma de entender estratégicamente el desarrollo de un territorio,
potenciando su confianza y autoestima en el ámbito interno del territorio, y el
interés y reconocimiento a nivel externo.
Las percepciones sobre los
territorios están ancladas en el imaginario colectivo y en nuestro
subconsciente. Por eso es necesario trabajar desde dentro para modificarlas y
poder proyectarlas creíblemente hacia fuera. Y sobre todo hay que cambiarlas
entre las generaciones que en 5, 10 o 15 años, tendrán la capacidad de decisión
política, económica y cultural. Este es realmente el reto. Quien hoy lo aborde
con decisión estará mejor preparado para afrontar un mañana lleno de
incertidumbres, pero en el que cada territorio tendrá que buscar su lugar al
sol, si quiere hacer algo más que sobrevivir.
lunes, 2 de enero de 2012
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