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Belmondo inspiró a Blueberry |
El concepto de obediencia debida siempre me ha parecido
una excusa tras la que esconder la cobardía. Al amparo de la misma, a lo largo
de la historia, se han cometido, o se han permitido, enormes barbaridades.
Viene a cuento esta breve reflexión, porque este es uno de los hilos
argumentales de los primeros álbumes de uno de los grandes clásicos de la
historieta contemporánea: El teniente
Blueberry. Con guiones del belga Jean-Michel Charlier (Buck
Danny, Jim Cutlass, Michel Tanguy, La Patrulla de los Castores) y dibujos
del francés Jean Giraud, probablemente más conocido por su alter ego fantacientífico, Moebius, esta serie debutó hace casi 55
años en la páginas de la revista Pilote.
Siempre he tenido una gran deuda
con El teniente Blueberry, pues ha
sido una saga que nunca he conseguido leer de forma continuada y ordenada. La
revista Bravo,
que es donde comenzó a editarse en España por parte de Editorial Bruguera, no
estaba entre mis preferidas y por eso solo leí algunos capítulos aislados.
Posteriormente, en distintas publicaciones, fui picoteando un poco por aquí, un
poco por allá, algún álbum aislado -de la edición completa realizada por Grijalbo-
pero sin profundizar.
Afortunadamente, Norma
Editorial me está permitiendo saldar esta vieja cuenta, gracias a la
edición integral que está publicando, de la que ya han aparecido cuatro
volúmenes.
A ritmo de gran western
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Blueberry se revela contra el genocidio indio |
Cada uno de los tomos reúne tres
álbumes, publicados con el material y en el orden original de la serie, es
decir, comenzando por Fort Navajo.
Además, les acompañan varios artículos y documentos sumamente interesantes, que
te permiten conocer mejor los entresijos de su creación y de sus autores.
Tengo que admitir que ha sido una
auténtica gozada sumergirme en el ambiente que hace más de cinco décadas
crearon Charlier y Giraud. Desde el punto de vista narrativo, el pulso de la
historia es realmente trepidante y te envuelve, casi sin darte respiro. Sin
entrar en comparaciones, señalar que poco tiene que envidiar El teniente Blueberry a los grandes
clásicos del cine del Oeste, como La
diligencia, Solo ante el peligro o Río
Bravo.
Una de las cosas que más me han
sorprendido es la modernidad de muchos de sus planteamientos. A lo largo de los
primeros 10 álbumes, desde el ya mencionado Fort
Navajo, hasta El general “Cabellos
Rubios”, se muestra la permanente tensión entre la obligación del teniente
de obedecer las órdenes de sus superiores y su voluntad de evitar, en lo
posible, la guerra contra las tribus indias. Eso le lleva a reiteradas
indisciplinas, a diversos arrestos, a estar rayando constantemente la expulsión
de la caballería estadounidense. Blueberry se enfrenta a superiores déspotas y
racistas, que lo único que quieren es aniquilar a toda costa a los indios,
aunque sean mujeres, ancianos y niños desarmados. También se las tiene que ver
con otros superiores que, en la lucha de grandes intereses económicos que
supuso la construcción del ferrocarril de costa a costa, no dudaban en
propiciar la guerra con los indios para obstaculizar a la compañía competidora.
En definitiva, Blueberry pone en jaque permanentemente el concepto de obediencia debida, al que no quiere
someterse para no estar justificando, con su pasividad, el genocidio sobre el
que se sustentan, en buena medida, los Estados Unidos.
De álbum en álbum, de historia en historia, vamos viendo como poco a poco se va resquebrajando la confianza del teniente en todos aquellos valores que se suponen inherentes a la nación por la que está luchando. Es más, en ese camino, magistralmente escrito por Charlier y dibujado por Giraud, las acciones de Blueberry, por más bienintencionadas que sean, se vuelven paulatinamente contra él, enredándole, más y más, en una madeja de la que solo tiene una escapatoria: abandonar el ejército, desengañado y asediado por superiores tiránicos. De hecho, ese camino de desengaño tiene su culminación en el décimo álbum, el ya mencionado El general “Cabellos Rubios”, que es el primero que se incluye en el cuarto y último tomo integral publicado hasta el momento. Precisamente en este episodio, respondiendo a su sentido del deber, salva de una muerte segura a uno de los jefes que más le ha humillado, el general McAllister. Pero aplicando el viejo refrán que dice haz un favor a alguien y te ganarás un enemigo, su acción no tan solo no le es reconocida, sino que incrementará el odio hacia él del general. Un superior del que el teniente opina que no es más que un arribista sin escrúpulos, además de ambicioso y conchabado con políticos corruptos.
¿Una aventura de historietas de
1968 o un retrato de la actualidad del mundo en 2018? Buena pregunta. Por si
acaso les invito a disfrutar de un buen rato, y reflexionar también, leyendo
las peripecias de este singular personaje que es el Teniente Blueberry.