Rafael Vallbona, con su nueva novela. FOTO CEDIDA. |
Debo iniciar este texto haciendo
una advertencia al lector: Rafael Vallbona es
amigo íntimo desde la infancia y he leído la práctica totalidad de su extensa producción
literaria. Eso me hace una voz poco objetiva para juzgar su obra. Pero, al
mismo tiempo, me convierte en una opinión autorizada para valorarla, ni que sea
por conocimiento del autor y de sus criaturas literarias.
Y he de decir que su última
novela Tros (Pagès Editors, 2017. Col.lecció Lo
Marraco) me parece una de sus mejores creaciones, de las
mejor hilvanadas. En ella la narración se entremezcla, de forma fluida y nada
forzada, con las reflexiones de carácter vivencial y filosófico que hacen los
personajes. He disfrutado mucho con la lectura de esta historia, que el autor
califica como un tex-mex a la catalana. Enseguida me sentí sumergido en ese
territorio, habitualmente árido, de las comarcas leridanas del Segriá y les
Garrigues. Será porque a finales del año pasado realicé una ruta en bicicleta
con el propio Rafael Vallbona, por zonas de Lleida parecidas a las que enmarcan
la acción de Tros. Con ella ha ganado la XXV edición del premio más
antiguo de novela negra que se concede en Catalunya, el Ferrán Canyameres, convocado
por Òmnium Cultural de Terrassa.
Territorio
El caso es que el territorio, la tierra, aquí identificada como el
trozo de campo al que al agricultor une su existencia, es -así lo veo yo-, uno de los personajes, sino el
principal de esta novela. Sobre ese escenario, a lo largo de una densa noche,
se entretejen las idas y venidas de una variopinta galería de personajes: padre
e hijo, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, somatenes y mossos d’esquadra, inmigrantes y paisanos, autoridades y ciudadanos…
Todo enhebrado en torno a la difícil
relación entre un padre y un hijo. Por una parte, un padre campesino,
arraigado, no solo al terruño físico, sino también al terruño emocional. Por
otra, un hijo desubicado, que regresa de una emigración decepcionante al mundo
urbano, sin encontrar su lugar en el mundo rural del que proviene. Y el rodar del tiempo, de los recuerdos,
de las confesiones, de los malentendidos que fueron y de las disculpas y
perdones que llegan tarde.
Retrato social
Con los ropajes de una novela negra, en la que desde el primer momento
sabemos lo que ha ocurrido, Rafael Vallbona va perfilando, poco a poco, un retrato de nuestra sociedad actual.
Quizás centrada en la Catalunya de hoy en día, pero en muchísimas cosas,
extrapolable a cualquier otro punto del mundo occidental. La incomprensión
generacional y la dificultad de relación paterno filial, el choque entre los hábitos
urbanos que se expanden por todas partes y un mundo rural que se resiste a
morir, los habitantes de ambos mundos que se sienten náufragos en unas
sociedades que les desbordan, los recortes que sirven para desmontar los
escasos resortes de un presunto estado del bienestar, emigrantes rechazados por
los que en su día también emigraron, amores callados en un mundo de apariencias
y falsedades…
En la contra de la obra, una
frase que a mi parecer sintetiza muy bien lo que plantea Tros: I la boira glaçada que cobreix el país com una flassada que
asfixia: massa ànsia per a tan poques sortides / Y la niebla helada que cubre
el país como una manta que asfixia: demasiadas ansias para tan pocas salidas.
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