sábado, 13 de diciembre de 2008

Carlos Giménez, dibujante de ojos y bocas

Estos días he vuelto a leer los dos primeros volúmenes de la tetralogía que Carlos Giménez va a dedicar a la Guerra Civil.

Una vez más me he sentido cautivado por el buen hacer gráfico y narrativo de uno de los mejores autores de historietas que, con el paso de los años, ha pulido su estilo, librándolo de ciertos recursos estéticos que le resultaban innecesarios.

Con todo, lo que más me sigue fascinando de Carlos es el tratamiento que hace de los ojos. Cómo es capaz de dotarlos de una expresividad sin límites.

Y digo me sigue, porque ya era lo que más me atraía en 1980. Entonces yo era un joven aspirante a periodista, aficionado a la historieta, que flipó, como se dice ahora, entrevistando a Giménez en el estudio que compartía con Adolfo Usero en Premià de Mar. Fue una de mis primeras entrevistas a uno de los grandes de la historieta. Se publicó en el número 113 del semanario El Maresme, correspondiente a la semana del 7 al 13 de marzo de 1980.

En aquella entrevista le preguntaba por el extraordinario realce de los ojos que hacía en su obra Paracuellos.

Su respuesta de entonces creo que es igualmente válida hoy en día, por eso me permito reproducirla íntegramente: No es que yo dé más valor a los ojos en Paracuellos. En toda mi obra, como habrás podido observar, los ojos tienen una gran importancia. Soy un dibujante de ojos y bocas. Soy un dibujante mediocre de narices y, además, las muevo poco. Por el contrario, muevo muchos los ojos, las bocas y las manos, que es en lo que se basa la fuerza expresiva de mis dibujos. Mis ojos son siempre enormes y mis bocas grandes. En Paracuellos, concretamente, los ojos se dispararon porque en aquél momento creí que eran los que mejor podían dar la dimensión de lo que quería expresar.

Casi 29 años después, con muchas vicisitudes por medio, las explicaciones de Carlos Giménez siguen siendo igual de válidas para su trabajo sobre la Guerra Civil, haciendo que los ojos, bocas y manos de sus personajes nos transmitan todo el dramatismo y tragedia de las situaciones.

domingo, 23 de noviembre de 2008

El castillo de Medellín

Este sábado, intentando hallar un tiempo de tranquilidad entre el ajetreo de las últimas semanas y el que se avecina para las próximas, decidimos ir con una amigos, José María, Lola y su hija Cristina, a visitar el yacimiento arqueológico de Cancho Roano, uno de los vestigios pre-romanos más importantes de la península ibérica, situado en las cercanías de Zalamea de la Serena.
En el camino, aprovechamos para detenernos en uno de esos puntos por los que uno suele pasar cientos de veces, pero que nunca parece tener tiempo para visitar: Medellín.
Tras un cafetito y unas reparadoras migas, nos dirigimos hacia el cerro que domina la localidad, en el que se alza el castillo, decenas de veces contemplado en la distancia, pero que nunca había visitado. La verdad es que la idea de detenernos en Medellín estaba en parte motivada por las recientes noticias de los hallazgos arqueológicos que están sacando a la luz los restos de un teatro romano de una gran importancia. El teatro se halla a medio camino del castillo, en la ladera que da hacia el sur. Poco es lo que ahora mismo se puede ver, ya que el recinto permanece vallado mientras se desarrollan los trabajos arqueológicos.
Por lo tanto seguimos en dirección al castillo por un camino empedrado bastante cuidado.
La sorpresa al rebasar la puerta de acceso es mayúscula: uno de los recintos fortificados más imponentes de Extremadura, en un estado de conservación bastante bueno y con pequeñas joyas arquitectónicas como los dos aljibes, uno en cada uno de los enormes patios del castillo.
La vista desde lo alto de la torre del homenaje es espléndida, abarcando buena parte de las vegas altas del Guadiana, las lejanas sierras de Montanchez, las traseras de la Sierra de Hornachos y buena parte de La Serena.
La verdad es que sin tenerlo previsto, la visita a Medellín nos ofreció uno de los mejores momentos de la jornada que después, tal y como habíamos previsto, nos llevó hasta Cancho Roano. Y es que muchas veces lo inesperado es lo que tenemos más a mano. Y desde luego, las posibilidades que en un futuro puede ofrecer como espacio escénico y como lugar para la organización de eventos y experiencias artísticas, me parecen fantásticas, uniendo el teatro romano con el propio castillo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Cambios en el Imperio

Hoy puede resultar poco original hablar de las elecciones en Estados Unidos, pero es lo que hay y la actualidad es la actualidad. Ha ganado el demócrata Barak Obama tal y como preveía la mayor parte de analistas y encuestas. Parece que hay una especie de alivio generalizado por haberse quitado de encima a un personaje tan nefasto como George Bush, pero hay que estar preparados para la decepción, porque al fin y al cabo los Estados Unidos son lo que son. Cierto que se produce un profundo cambio generacional y que parece que las distintas minorías van a tener una notable fuerza, o por lo menos se las va a tener en cuenta más que hasta ahora. Pero vamos, no esperemos que las políticas que haga Obama se acerquen, ni siquiera, a lo que es una pálida socialdemocracia europea.
Pero bueno, a nadie amarga un dulce, y siempre estaremos mejor sin el presidente de los pies encima de la mesa. Por cierto, que una de las últimas genialidades de Bush, además de tomar algunas decisiones ejecutivas que por lo menos observadas desde aquí huelen bastante mal, ha sido decirle a Obama, en su breve conversación para felicitarle por la victoria, que disfrute. ¿Disfrutar de qué?. Supongo que de la victoria, porque el cargo de presidente de los USA no creo que sea precisamente el mejor para disfrutar.
En fín, estas son mis primeras impresiones sobre lo acontecido en el Imperio: hay cambios, pero no espero que sean demasiado profundos. Ojalá me equivoque y haya más contenido que estética.

jueves, 30 de octubre de 2008

Rematando el esfuerzo en el Monte Toro


El pasado fin de semana estuve en Menorca para participar en la octava edición de la Vuelta Cicloturista Internacional. El momento álgido fue el domingo con la ascensión al Monte Toro, el punto más alto de la isla con sus 357 metros de altitud. Es una subida pequeña, tres kilómetros desde Mercadal, pero matona, con rampas que en algunos puntos superan el 14% de desnivel. Como se puede comprobar en la foto, la cosa fue durilla, pero anima que el señor que viene detrás, a sus 81 años, sigue subiendo. ¿Llegaremos?

jueves, 9 de octubre de 2008

El papel de la radio pública: regalar coches

Para los que en algún momento de nuestras vidas hemos participado del proyecto de la radio pública en este país, debería suponer motivo de sonrojo la deriva de estos últimos años. Ya no es el hecho de que haya renunciado a buena parte de su esencia como servicio público y como foro de muchos colectivos que de otra forma estarían excluídos de la comunicación social, sino actuaciones tan chuscas como la última idea que han tenido: sortear coches.
La sorpresa la he tenido en alguno de esos escasos momentos que le dedico a la televisión, cuando puedo dedicar unos minutos a la sobremesa o después de cenar. Entre los miles de anuncios que pueblan las emisiones de TVE aparecen de pronto un presentador y una presentadora, tan ufanos ellos, comentando que cualquier ciudadano puede hacerse con uno de los 24 magníficos coches que sortea Radio Nacional de España.
La incredulidad es mayúscula: ¿qué rábanos hace la radio pública sorteando coches así por las buenas?. Porque en este caso no hay ni tan siquiera la percha de un programa que sirva de contenedor a la rifa.
En fin, creo que ya lo he dicho alguna otra vez, al paso que vamos los medios de comunicación serán meros intermediarios para las promociones y la venta de los más variopintos artículos de consumo, desde coches a toallas, pasando por abanicos, edredones, teléfonos móviles, vajillas, fascículos inacabables, soldaditos de plomo, medallitas de la virgen de turno, etc.
¿Y los contenidos?. Bueno eso, como ya ocurre, será casi lo de menos.

sábado, 4 de octubre de 2008

¿El fin de la medicina humanista?

Días atrás, por razones profesionales, tuve la oportunidad de departir un rato con el eminente urólogo extremeño Remigio Vela Navarrete. Natural de Salvaléon, aunque criado en Zafra, este insigne médico tiene la primera patente internacional de un modelo de riñón artificial implantable.

En la entretenida charla que mantuvimos en su despacho de la madrileña Fundación Jiménez Díaz, dejó caer con amargura su reproche hacia un sistema sanitario que está suponiendo el fin de la medicina humanista, para convertirse en un sistema de gestión en el que lo que importan son los números y no las personas. Esto, en su opinión, está llevando a la privatización de la gestión de los centros hospitalarios y los médicos pierden más tiempo introduciendo datos estadísticos en un ordenador, que no viendo, tocando, palpando a los pacientes. Y por estos lares –me decía- nos gusta que nos toquen, nos gusta la cercanía de la relación, las distancias cortas con el médico. Un sistema sanitario no puede ser indiferente a la sociología de la población a la que tiene que atender. Aquí no podemos importar, tal cual, el sistema de otros países más acostumbrados a la frialdad en ese trato, como los nórdicos. Como colofón, Remigio Vela decía que no hay dinero para hacer frente a los requisitos de la sanidad.

Comparto buena parte de sus comentarios, sobre todo en cuanto al trato y la relación con los clientes. En cuanto a la carencia de fondos, yo tengo muy claro que pago mis impuestos para cosas como éstas, para que haya una buena provisión presupuestaria para dotar a los servicios públicos de las prestaciones y la calidad que necesitamos y a la que todos los ciudadanos tenemos derecho, con independencia de nuestro nivel de ingresos. Y puestos a buscar ese dinero, me imagino la cantidad de buenos médicos y maestros, por referirme sólo a dos sectores básicos como sanidad y educación, que se podrían formar y contratar con las multimillonarias indemnizaciones que se llevan muchos ejecutivos de esas grandes empresas financieras e inmobiliarias que, cuando las cosas se ponen feas, se olvidan de su liberalismo económico para irse a refugiar en los brazos del malvado papá Estado.

Creo que si privatizásemos menos los beneficios y socializásemos menos las pérdidas podríamos dar mejor respuesta a las preocupaciones que me exponía Remigio Vela.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Vicky Cristina Barcelona: ¡Puffff!

Pensaba que nunca iba a llegar el momento de decir algo así, porque la verdad es que siempre me ha gustado el cine de Woody Allen, pero: ¡vaya tostón el que nos larga con Vicky Cristina Barcelona!.
Ya se que la vida está muy achuchada y que hay que buscar el dinero donde a uno de lo ofrecen, pero la carrera de Woody no se merece un borrón como el de esta película, que ni tan siquiera sirve como anuncio promocional de Barcelona u Oviedo.
El guión es insufrible, las interpretaciones no hay por donde cogerlas, la película no tiene ritmo alguno e incluso la banda sonora, una de las cosas que más cuida Allen en sus trabajos, aquí parece estar metida con calzador. Y no hablemos de ese narrador en off, que se despacha con unas explicaciones que harían sonrojar al peor de los creadores de cortos publicitarios de los que se presentan en FITUR.
Seguiré pensando que el creador de Annie Hall, Hanna y sus hermanas, Broadway Danny Rose, Misterioso asesinato en Manhattan, entre otras, ha sido y es uno de los grandes maestros del cine, el teatro y la literatura; pero preferiría que lo dejase en este punto si lo que nos tiene que ofrecer son nuevos bodrios como éste.